


Director: Jesús Herrera Jaimes
Director: Jesús Herrera Jaimes




Belén Brito nos presenta “Cajita de sorpresas”, un cortometraje simbólico y de tintes fantásticos que, detrás de su estética de cuento, revela una verdad dolorosa y profundamente incómoda.
En una obra abierta a múltiples interpretaciones, Brito construye un relato donde su protagonista nos conduce por el viaje interior de una niña que intenta comprender el mundo a través de su propia imaginación. Lo que al inicio parece un cuento de hadas pronto se transforma en algo mucho más oscuro: una reflexión sobre la virginidad, el abuso, la pérdida de la inocencia y la tristeza de una infancia que intenta explicarse lo inexplicable.
La mirada infantil de la protagonista contrasta con lo que realmente percibimos como espectadores. Mientras la niña intenta ordenar sus pensamientos dentro de su lógica de cuento, nosotros observamos entre líneas momentos profundamente incómodos y dolorosos.
El cortometraje destaca por su magnífico trabajo de iluminación y por la interpretación natural y cautivadora de Natu Gutiérrez, cuya presencia nos guía a través de este universo visual. Lo que parece un cuento de fantasía termina revelándose como una historia que, lamentablemente, muchas niñas y mujeres han vivido.
Brito utiliza un lenguaje cargado de símbolos: frutas, colores intensos, castillos, muñecas, bailes y el simbólico cumpleaños número 18.
En varios momentos, la puesta en escena incluso recuerda a una pequeña obra de teatro dentro de la pantalla. La paleta cromática —con rosados, rojos y contrastes fuertes— funciona como una pista emocional que nos conduce hacia una realidad cada vez más desgarradora.
“Cajita de sorpresas” no es un cuento de hadas. Es un relato que utiliza la estética de la fantasía para hablar de una verdad incómoda, transformando la inocencia visual en un espejo de una realidad que muchas veces preferimos no mirar.
Belén Brito nos presenta “Cajita de sorpresas”, un cortometraje simbólico y de tintes fantásticos que, detrás de su estética de cuento, revela una verdad dolorosa y profundamente incómoda.
En una obra abierta a múltiples interpretaciones, Brito construye un relato donde su protagonista nos conduce por el viaje interior de una niña que intenta comprender el mundo a través de su propia imaginación. Lo que al inicio parece un cuento de hadas pronto se transforma en algo mucho más oscuro: una reflexión sobre la virginidad, el abuso, la pérdida de la inocencia y la tristeza de una infancia que intenta explicarse lo inexplicable.
La mirada infantil de la protagonista contrasta con lo que realmente percibimos como espectadores. Mientras la niña intenta ordenar sus pensamientos dentro de su lógica de cuento, nosotros observamos entre líneas momentos profundamente incómodos y dolorosos.
El cortometraje destaca por su magnífico trabajo de iluminación y por la interpretación natural y cautivadora de Natu Gutiérrez, cuya presencia nos guía a través de este universo visual. Lo que parece un cuento de fantasía termina revelándose como una historia que, lamentablemente, muchas niñas y mujeres han vivido.
Brito utiliza un lenguaje cargado de símbolos: frutas, colores intensos, castillos, muñecas, bailes y el simbólico cumpleaños número 18.
En varios momentos, la puesta en escena incluso recuerda a una pequeña obra de teatro dentro de la pantalla. La paleta cromática —con rosados, rojos y contrastes fuertes— funciona como una pista emocional que nos conduce hacia una realidad cada vez más desgarradora.
“Cajita de sorpresas” no es un cuento de hadas. Es un relato que utiliza la estética de la fantasía para hablar de una verdad incómoda, transformando la inocencia visual en un espejo de una realidad que muchas veces preferimos no mirar.
