


Director: Jesús Herrera Jaimes
Director: Jesús Herrera Jaimes




Si algo distingue al gran cine es su capacidad de absorber otras disciplinas y transformarlas en narrativa. No citarlas, no ilustrarlas: convertirlas en conflicto, en atmósfera, en personaje. Este cortometraje mexicano de ficción, dirigido por Andrés Hernández y producido por Andrea Mares y Silverio Camarena en 2025, parte de la arquitectura para construir una experiencia cinematográfica sólida y consciente de su lenguaje.
La obra se inspira en el universo estético del arquitecto mexicano Luis Barragán, pero no funciona como biografía ni como ensayo documental. Es ficción. Y desde la ficción propone un recorrido emocional que dialoga con espacios emblemáticos como la Casa Ortega y la Casa Gilardi, integrándolos a la construcción dramática.
Aquí la arquitectura no es fondo decorativo: es estructura narrativa. Los encuadres están pensados desde la verticalidad, la geometría y la tensión entre luz y sombra. El color —elemento esencial en la obra de Barragán— es utilizado como recurso dramático y no simplemente estético. Cada transición cromática acompaña el estado interno del personaje, reforzando el arco emocional.
La dirección de arte demuestra coherencia conceptual. No hay exceso. Hay precisión. La puesta en escena entiende que el espacio condiciona al cuerpo y que el cuerpo reacciona al espacio. Esa relación es el núcleo del cortometraje.
Lo más destacable es su equilibrio: logra rendir homenaje sin caer en la imitación literal. Andrés Hernández toma referencias claras, pero las traduce en lenguaje cinematográfico propio. La fotografía respeta los volúmenes, los silencios y las texturas, y construye una atmósfera contemplativa que sostiene el ritmo de la ficción.
“El Color de la luz “ confirma algo fundamental: cuando el cine se aproxima a otra disciplina con rigor y comprensión, el resultado trasciende el tributo. Se convierte en obra. Y en este caso, en una obra intensa, visualmente coherente y conceptualmente sólida
Si algo distingue al gran cine es su capacidad de absorber otras disciplinas y transformarlas en narrativa. No citarlas, no ilustrarlas: convertirlas en conflicto, en atmósfera, en personaje. Este cortometraje mexicano de ficción, dirigido por Andrés Hernández y producido por Andrea Mares y Silverio Camarena en 2025, parte de la arquitectura para construir una experiencia cinematográfica sólida y consciente de su lenguaje.
La obra se inspira en el universo estético del arquitecto mexicano Luis Barragán, pero no funciona como biografía ni como ensayo documental. Es ficción. Y desde la ficción propone un recorrido emocional que dialoga con espacios emblemáticos como la Casa Ortega y la Casa Gilardi, integrándolos a la construcción dramática.
Aquí la arquitectura no es fondo decorativo: es estructura narrativa. Los encuadres están pensados desde la verticalidad, la geometría y la tensión entre luz y sombra. El color —elemento esencial en la obra de Barragán— es utilizado como recurso dramático y no simplemente estético. Cada transición cromática acompaña el estado interno del personaje, reforzando el arco emocional.
La dirección de arte demuestra coherencia conceptual. No hay exceso. Hay precisión. La puesta en escena entiende que el espacio condiciona al cuerpo y que el cuerpo reacciona al espacio. Esa relación es el núcleo del cortometraje.
Lo más destacable es su equilibrio: logra rendir homenaje sin caer en la imitación literal. Andrés Hernández toma referencias claras, pero las traduce en lenguaje cinematográfico propio. La fotografía respeta los volúmenes, los silencios y las texturas, y construye una atmósfera contemplativa que sostiene el ritmo de la ficción.
“El Color de la luz “ confirma algo fundamental: cuando el cine se aproxima a otra disciplina con rigor y comprensión, el resultado trasciende el tributo. Se convierte en obra. Y en este caso, en una obra intensa, visualmente coherente y conceptualmente sólida