


Director: Jesús Herrera Jaimes
Director: Jesús Herrera Jaimes







El cuerpo disperso es un cortometraje experimental en blanco y negro que se vive como una experiencia íntima y profundamente emocional. A lo largo de sus 12 minutos, la obra explora el cuerpo desde el movimiento —gestos, desplazamientos, respiraciones—, sin coreografías ni artificios, dejando que la presencia física sea el verdadero lenguaje.
La desnudez aparece de manera sutil y cuidada, nunca explícita, como parte natural del relato. El cuerpo dialoga con paisajes abiertos —arbustos, cielos amplios, estrellas— y con un espacio interior construido desde una iluminación precisa, donde cada sombra y cada contraste refuerzan el tono introspectivo de la obra.
El relato conmueve por su honestidad. No busca explicar, sino sentir. La música envuelve y transporta, acompañando la experiencia sin imponerse, permitiendo que el espectador se sumerja en un estado contemplativo que atraviesa lo físico y lo emocional.
Inscrito dentro del cine experimental y de ciencia ficción, El cuerpo disperso funciona como un homenaje al cine fantástico, pero también como una reflexión poética sobre lo corporal, la identidad y la fragmentación del ser. Es una obra que se construye desde la sensibilidad, el tiempo y la mirada.
Su director, Marcelo Andrés Pirronghellys Ziritt, nacido el 6 de noviembre de 1998 en Guanare, estado Portuguesa, Venezuela, culmina actualmente sus estudios en la Universidad de Los Andes (ULA), en Mérida, donde desarrolla su tesis de grado para la Escuela de Medios Audiovisuales (EMA) en la mención de Dirección Cinematográfica.
Paralelamente, extiende su universo creativo hacia la narrativa literaria, trabajando en el manuscrito de su primera novela de ciencia ficción, una búsqueda que equilibra la sensibilidad visual del cine con la profundidad especulativa de la palabra escrita.
Estrenado en 2024, el cortometraje ha sido seleccionado en diversos festivales, consolidándose como un ejemplo de rigor técnico y de cómo lo experimental puede adquirir verdadero sentido cuando nace desde un punto íntimo, honesto y profundamente narrativo.
El cuerpo disperso es un cortometraje experimental en blanco y negro que se vive como una experiencia íntima y profundamente emocional. A lo largo de sus 12 minutos, la obra explora el cuerpo desde el movimiento —gestos, desplazamientos, respiraciones—, sin coreografías ni artificios, dejando que la presencia física sea el verdadero lenguaje.
La desnudez aparece de manera sutil y cuidada, nunca explícita, como parte natural del relato. El cuerpo dialoga con paisajes abiertos —arbustos, cielos amplios, estrellas— y con un espacio interior construido desde una iluminación precisa, donde cada sombra y cada contraste refuerzan el tono introspectivo de la obra.
El relato conmueve por su honestidad. No busca explicar, sino sentir. La música envuelve y transporta, acompañando la experiencia sin imponerse, permitiendo que el espectador se sumerja en un estado contemplativo que atraviesa lo físico y lo emocional.
Inscrito dentro del cine experimental y de ciencia ficción, El cuerpo disperso funciona como un homenaje al cine fantástico, pero también como una reflexión poética sobre lo corporal, la identidad y la fragmentación del ser. Es una obra que se construye desde la sensibilidad, el tiempo y la mirada.
Su director, Marcelo Andrés Pirronghellys Ziritt, nacido el 6 de noviembre de 1998 en Guanare, estado Portuguesa, Venezuela, culmina actualmente sus estudios en la Universidad de Los Andes (ULA), en Mérida, donde desarrolla su tesis de grado para la Escuela de Medios Audiovisuales (EMA) en la mención de Dirección Cinematográfica.
Paralelamente, extiende su universo creativo hacia la narrativa literaria, trabajando en el manuscrito de su primera novela de ciencia ficción, una búsqueda que equilibra la sensibilidad visual del cine con la profundidad especulativa de la palabra escrita.
Estrenado en 2024, el cortometraje ha sido seleccionado en diversos festivales, consolidándose como un ejemplo de rigor técnico y de cómo lo experimental puede adquirir verdadero sentido cuando nace desde un punto íntimo, honesto y profundamente narrativo.