


Director: Jesús Herrera Jaimes
Director: Jesús Herrera Jaimes




Intermitencias es una obra que nace desde la sutileza para tocar fibras profundamente universales. En este cortometraje dramático, Luis Alejandro Oliveros explora el contraste entre la juventud y la vejez, capturando la falta de paciencia que suele aparecer en el núcleo familiar. Es un relato que nos devuelve la mirada hacia lo que verdaderamente sostiene nuestra existencia: el amor y la familia.
Lo que hace que la obra permanezca en el espectador es su capacidad de encontrar belleza en lo cotidiano. Oliveros no busca el impacto vacío, sino que utiliza la cámara para diseccionar esos silencios donde la impaciencia suele ganar la partida. Al centrarnos en la brecha entre lo que somos y lo que seremos, el corto nos recuerda que la juventud es apenas un suspiro.
Entre detalles como una camiseta arruinada y el olvido de las cosas por la vejez, el filme retrata la lucha por no perder la paciencia. Nos lleva a ver esos momentos de la vida en los que no actuamos bien cuando nos gana la rebeldía. Al dejar de lado esa molestia, logramos encontrar una comprensión más profunda hacia quienes amamos.
Visualmente, la pieza apuesta por la precisión técnica para construir una atmósfera de reflexión constante. Con pocos planos y una iluminación que acompaña el peso emocional de cada escena, se logra profundizar en la complejidad humana.
Al final, queda una moraleja silenciosa pero contundente sobre el paso del tiempo y la importancia de estar presentes. Es una invitación urgente a cuidar los vínculos que nos definen antes de que el reloj dicte su última palabra. Intermitencias logra, con elementos mínimos, que el espectador se detenga a cuestionar su forma de amar y convivir.
Intermitencias es una obra que nace desde la sutileza para tocar fibras profundamente universales. En este cortometraje dramático, Luis Alejandro Oliveros explora el contraste entre la juventud y la vejez, capturando la falta de paciencia que suele aparecer en el núcleo familiar. Es un relato que nos devuelve la mirada hacia lo que verdaderamente sostiene nuestra existencia: el amor y la familia.
Lo que hace que la obra permanezca en el espectador es su capacidad de encontrar belleza en lo cotidiano. Oliveros no busca el impacto vacío, sino que utiliza la cámara para diseccionar esos silencios donde la impaciencia suele ganar la partida. Al centrarnos en la brecha entre lo que somos y lo que seremos, el corto nos recuerda que la juventud es apenas un suspiro.
Entre detalles como una camiseta arruinada y el olvido de las cosas por la vejez, el filme retrata la lucha por no perder la paciencia. Nos lleva a ver esos momentos de la vida en los que no actuamos bien cuando nos gana la rebeldía. Al dejar de lado esa molestia, logramos encontrar una comprensión más profunda hacia quienes amamos.
Visualmente, la pieza apuesta por la precisión técnica para construir una atmósfera de reflexión constante. Con pocos planos y una iluminación que acompaña el peso emocional de cada escena, se logra profundizar en la complejidad humana.
Al final, queda una moraleja silenciosa pero contundente sobre el paso del tiempo y la importancia de estar presentes. Es una invitación urgente a cuidar los vínculos que nos definen antes de que el reloj dicte su última palabra. Intermitencias logra, con elementos mínimos, que el espectador se detenga a cuestionar su forma de amar y convivir.