Estoy cansado de despertarme contigo

Director: Jesús Herrera Jaimes

View of the French countryside through a stone villa’s open living room, with sofas and trees framing the scene

LA SELVA

DIRECTOR: Nicolas Fiorentino

LA SELVA

DIRECTOR: Nicolas Fiorentino

Estoy cansado de despertarme contigo

Director: Jesús Herrera Jaimes

View of the French countryside through a stone villa’s open living room, with sofas and trees framing the scene

LA SELVA

DIRECTOR: Nicolas Fiorentino

LA SELVA

DIRECTOR: Nicolas Fiorentino

sinopsis

sinopsis

La Selva es un proyecto de ficción inspirado en el cine mudo, tomando como referencia

Berlín, sinfonía de una gran ciudad de Walter Ruttmann. A través del recorrido de dos

personajes principales, la obra explora la ciudad contemporánea como un espacio de

competencia, necesidad y supervivencia.

La historia atraviesa Berlín y Madrid, dos ciudades capitales, conectadas por el

desplazamiento de sus personajes y su búsqueda de trabajo y un lugar al que pertenecer.

Lo cotidiano se transforma en una aventura urbana donde la búsqueda de empleo se

convierte, progresivamente, en una lucha por la supervivencia. Los encuentros con otros

personajes revelan un ecosistema marcado por la competencia entre pares, la

incertidumbre y la necesidad constante de adaptarse.

La Selva es un proyecto de ficción inspirado en el cine mudo, tomando como referencia

Berlín, sinfonía de una gran ciudad de Walter Ruttmann. A través del recorrido de dos

personajes principales, la obra explora la ciudad contemporánea como un espacio de

competencia, necesidad y supervivencia.

La historia atraviesa Berlín y Madrid, dos ciudades capitales, conectadas por el

desplazamiento de sus personajes y su búsqueda de trabajo y un lugar al que pertenecer.

Lo cotidiano se transforma en una aventura urbana donde la búsqueda de empleo se

convierte, progresivamente, en una lucha por la supervivencia. Los encuentros con otros

personajes revelan un ecosistema marcado por la competencia entre pares, la

incertidumbre y la necesidad constante de adaptarse.

La Selva es un proyecto de ficción inspirado en el cine mudo, tomando como referencia

Berlín, sinfonía de una gran ciudad de Walter Ruttmann. A través del recorrido de dos

personajes principales, la obra explora la ciudad contemporánea como un espacio de

competencia, necesidad y supervivencia.

La historia atraviesa Berlín y Madrid, dos ciudades capitales, conectadas por el

desplazamiento de sus personajes y su búsqueda de trabajo y un lugar al que pertenecer.

Lo cotidiano se transforma en una aventura urbana donde la búsqueda de empleo se

convierte, progresivamente, en una lucha por la supervivencia. Los encuentros con otros

personajes revelan un ecosistema marcado por la competencia entre pares, la

incertidumbre y la necesidad constante de adaptarse.

Woman in a light suit sitting thoughtfully against a terracotta wall

Nicolás Fiorentino (Buenos Aires, 1996) es un artista visual, fotógrafo y realizador

audiovisual argentino. Su práctica parte de la observación de la vida cotidiana y del espacio

urbano para explorar temas como el desplazamiento, la migración, la identidad y las formas

de habitar la ciudad.

Formado en Artes Multimediales en la Universidad Nacional de las Artes (UNA), su trabajo

ha evolucionado desde la fotografía hacia la experimentación con el vídeo, el collage, la

imagen de archivo y diferentes técnicas de transferencia. Ha desarrollado proyectos y

residencias entre Argentina, España y Alemania, entre ellas la residencia GlogauAIR en

Berlín.

Su trabajo reciente investiga la relación entre experiencia personal y ficción, utilizando la

ciudad como espacio narrativo y como territorio de conflicto, transformación y memoria. Con

La Selva, continúa su exploración del lenguaje audiovisual, acercándose al cine mudo y a la

sinfonía urbana para construir una mirada contemporánea sobre el trabajo, la competencia y

la supervivencia en la ciudad.

Nicolás Fiorentino (Buenos Aires, 1996) es un artista visual, fotógrafo y realizador

audiovisual argentino. Su práctica parte de la observación de la vida cotidiana y del espacio

urbano para explorar temas como el desplazamiento, la migración, la identidad y las formas

de habitar la ciudad.

Formado en Artes Multimediales en la Universidad Nacional de las Artes (UNA), su trabajo

ha evolucionado desde la fotografía hacia la experimentación con el vídeo, el collage, la

imagen de archivo y diferentes técnicas de transferencia. Ha desarrollado proyectos y

residencias entre Argentina, España y Alemania, entre ellas la residencia GlogauAIR en

Berlín.

Su trabajo reciente investiga la relación entre experiencia personal y ficción, utilizando la

ciudad como espacio narrativo y como territorio de conflicto, transformación y memoria. Con

La Selva, continúa su exploración del lenguaje audiovisual, acercándose al cine mudo y a la

sinfonía urbana para construir una mirada contemporánea sobre el trabajo, la competencia y

la supervivencia en la ciudad.

Nicolás Fiorentino (Buenos Aires, 1996) es un artista visual, fotógrafo y realizador

audiovisual argentino. Su práctica parte de la observación de la vida cotidiana y del espacio

urbano para explorar temas como el desplazamiento, la migración, la identidad y las formas

de habitar la ciudad.

Formado en Artes Multimediales en la Universidad Nacional de las Artes (UNA), su trabajo

ha evolucionado desde la fotografía hacia la experimentación con el vídeo, el collage, la

imagen de archivo y diferentes técnicas de transferencia. Ha desarrollado proyectos y

residencias entre Argentina, España y Alemania, entre ellas la residencia GlogauAIR en

Berlín.

Su trabajo reciente investiga la relación entre experiencia personal y ficción, utilizando la

ciudad como espacio narrativo y como territorio de conflicto, transformación y memoria. Con

La Selva, continúa su exploración del lenguaje audiovisual, acercándose al cine mudo y a la

sinfonía urbana para construir una mirada contemporánea sobre el trabajo, la competencia y

la supervivencia en la ciudad.

Nicolás Fiorentino (Buenos Aires, 1996) es un artista visual, fotógrafo y realizador

audiovisual argentino. Su práctica parte de la observación de la vida cotidiana y del espacio

urbano para explorar temas como el desplazamiento, la migración, la identidad y las formas

de habitar la ciudad.

Formado en Artes Multimediales en la Universidad Nacional de las Artes (UNA), su trabajo

ha evolucionado desde la fotografía hacia la experimentación con el vídeo, el collage, la

imagen de archivo y diferentes técnicas de transferencia. Ha desarrollado proyectos y

residencias entre Argentina, España y Alemania, entre ellas la residencia GlogauAIR en

Berlín.

Su trabajo reciente investiga la relación entre experiencia personal y ficción, utilizando la

ciudad como espacio narrativo y como territorio de conflicto, transformación y memoria. Con

La Selva, continúa su exploración del lenguaje audiovisual, acercándose al cine mudo y a la

sinfonía urbana para construir una mirada contemporánea sobre el trabajo, la competencia y

la supervivencia en la ciudad.

Reseña by a98studios

Reseña by a98studios

Hay algo fascinante en volver a las primeras formas del cine para hablar del presente.

Mucho antes de que el cine tuviera diálogos perfectamente sincronizados, grandes producciones o efectos digitales, las películas encontraban otras maneras de contar. El montaje, los gestos, el movimiento, la música, los intertítulos y la voz podían convertir una calle cualquiera en un acontecimiento. La ciudad podía ser protagonista. Y una historia aparentemente sencilla podía transformarse en una experiencia cinematográfica.

En La Selva, Nicolás Fiorentino retoma precisamente esa mirada.

El cortometraje nos introduce en una ciudad que parece al mismo tiempo hermosa, fascinante, caótica y absurda. Berlín aparece como un enorme organismo en movimiento, mientras sus personajes recorren sus calles intentando encontrar trabajo, oportunidades y, finalmente, un lugar al que pertenecer.

Pero aquí la ciudad no es solamente un escenario.

Es la selva.

Inspirada en Berlín, sinfonía de una gran ciudad de Walter Ruttmann, una de las obras fundamentales del cine urbano de los años veinte, La Selva recupera la idea de observar una ciudad a través de sus ritmos, sus movimientos y sus habitantes. Sin embargo, Fiorentino desplaza la mirada: ya no se trata únicamente de contemplar cómo funciona una metrópolis, sino de preguntarse qué ocurre con las personas que intentan sobrevivir dentro de ella.

El resultado es una ficción que se mueve entre la comedia física, la observación social y la experimentación visual.

Dos personajes atraviesan Berlín y Madrid mientras buscan trabajo y tratan de adaptarse a un entorno donde todos parecen competir por los mismos recursos. Una entrevista, una oportunidad o un simple encuentro pueden convertirse en pequeñas batallas. Lo cotidiano adquiere dimensiones casi absurdas y la búsqueda de empleo comienza a parecerse cada vez más a una lucha por la supervivencia.

Fiorentino convierte así la experiencia urbana en una especie de aventura.

Hay algo deliberadamente juguetón en la manera en que La Selva observa a sus personajes. La ciudad puede ser espectacular y, al mismo tiempo, profundamente hostil. Puede ofrecer posibilidades mientras obliga a sus habitantes a competir constantemente. Puede parecer ordenada desde lejos y convertirse en un caos cuando uno intenta encontrar su propio espacio dentro de ella.

Ese contraste es fundamental para entender la película.

El cortometraje también establece un diálogo particular con el cine mudo. En lugar de reproducirlo como una pieza de museo, Fiorentino toma algunas de sus herramientas y las lleva hacia el presente. El montaje adquiere protagonismo, los cuerpos y los movimientos adquieren significado y la narración encuentra formas de existir más allá del diálogo convencional.

La voz en off, además, introduce otra capa dentro de este recorrido. Las ciudades se observan, se describen y se experimentan mientras los personajes continúan avanzando. La película parece recordar que el cine nació, en buena medida, de la necesidad de mirar el mundo y descubrir qué podía hacerse con esas imágenes.

Y quizá por eso La Selva resulta especialmente interesante: porque mira hacia atrás para hablar del ahora.

Nicolás Fiorentino nació en Buenos Aires en 1996 y se formó en Artes Multimediales en la Universidad Nacional de las Artes (UNA). Su trabajo como artista visual, fotógrafo y realizador audiovisual parte frecuentemente de la observación de la vida cotidiana y del espacio urbano. El desplazamiento, la migración, la identidad y las distintas maneras de habitar una ciudad aparecen como preocupaciones recurrentes en su obra.

Su recorrido también lo ha llevado a desarrollar proyectos y residencias entre Argentina, España y Alemania, incluyendo la residencia GlogauAIR en Berlín. Esa relación con distintas ciudades atraviesa La Selva, una película que utiliza precisamente el desplazamiento como parte de su estructura.

Berlín y Madrid no son solamente dos lugares donde ocurre la historia. Son dos espacios conectados por la experiencia de sus personajes y por una misma pregunta: ¿cómo encontrar un lugar propio cuando todo alrededor parece estar compitiendo por el mismo espacio?

La película fue desarrollada durante un largo período de producción, iniciado en enero de 2023 y finalizado en septiembre de 2025. Fiorentino comparte la dirección con un proceso creativo que también involucra a Matías Fonseca en la asistencia de dirección, edición y montaje, mientras Francisco López se encarga de la dirección de fotografía. Nicolás Fiorentino y Farhan Ariff escribieron el guion, y ambos también aparecen como los dos sujetos principales de la historia.

El equipo se completa con Ken Michael y Sergio Abaldi como narradores y Ziqui Xu en fotografía fija, bajo la producción de The FF Solutions.

Filmada con cámaras como la Fujifilm X100V, Blackmagic 4K y Canon R8, La Selva tiene una duración de 28 minutos y 31 segundos y cuenta con subtítulos en inglés.

Pero más allá de sus cámaras, su duración o su equipo, hay algo que define al proyecto: su intención de encontrar una forma cinematográfica propia para observar una experiencia completamente contemporánea.

La ciudad cambia. Las personas cambian. Las formas de trabajar también.

Pero aquella sensación de entrar en una gran ciudad sin saber exactamente dónde terminaremos sigue siendo reconocible.

Quizá por eso La Selva no habla solamente de Berlín o Madrid. Habla de cualquier lugar donde millones de personas se mueven todos los días intentando conseguir algo: un trabajo, una oportunidad, una casa, una identidad o simplemente un espacio donde sentirse parte de algo.

Como en aquellas primeras películas que descubrieron que una cámara podía convertir una ciudad en una historia, Nicolás Fiorentino vuelve a mirar las calles.

Solo que esta vez, detrás de la belleza de la metrópolis, también está la lucha por sobrevivir.

Y en esta ciudad, todos estamos un poco dentro de la selva.

Hay algo fascinante en volver a las primeras formas del cine para hablar del presente.

Mucho antes de que el cine tuviera diálogos perfectamente sincronizados, grandes producciones o efectos digitales, las películas encontraban otras maneras de contar. El montaje, los gestos, el movimiento, la música, los intertítulos y la voz podían convertir una calle cualquiera en un acontecimiento. La ciudad podía ser protagonista. Y una historia aparentemente sencilla podía transformarse en una experiencia cinematográfica.

En La Selva, Nicolás Fiorentino retoma precisamente esa mirada.

El cortometraje nos introduce en una ciudad que parece al mismo tiempo hermosa, fascinante, caótica y absurda. Berlín aparece como un enorme organismo en movimiento, mientras sus personajes recorren sus calles intentando encontrar trabajo, oportunidades y, finalmente, un lugar al que pertenecer.

Pero aquí la ciudad no es solamente un escenario.

Es la selva.

Inspirada en Berlín, sinfonía de una gran ciudad de Walter Ruttmann, una de las obras fundamentales del cine urbano de los años veinte, La Selva recupera la idea de observar una ciudad a través de sus ritmos, sus movimientos y sus habitantes. Sin embargo, Fiorentino desplaza la mirada: ya no se trata únicamente de contemplar cómo funciona una metrópolis, sino de preguntarse qué ocurre con las personas que intentan sobrevivir dentro de ella.

El resultado es una ficción que se mueve entre la comedia física, la observación social y la experimentación visual.

Dos personajes atraviesan Berlín y Madrid mientras buscan trabajo y tratan de adaptarse a un entorno donde todos parecen competir por los mismos recursos. Una entrevista, una oportunidad o un simple encuentro pueden convertirse en pequeñas batallas. Lo cotidiano adquiere dimensiones casi absurdas y la búsqueda de empleo comienza a parecerse cada vez más a una lucha por la supervivencia.

Fiorentino convierte así la experiencia urbana en una especie de aventura.

Hay algo deliberadamente juguetón en la manera en que La Selva observa a sus personajes. La ciudad puede ser espectacular y, al mismo tiempo, profundamente hostil. Puede ofrecer posibilidades mientras obliga a sus habitantes a competir constantemente. Puede parecer ordenada desde lejos y convertirse en un caos cuando uno intenta encontrar su propio espacio dentro de ella.

Ese contraste es fundamental para entender la película.

El cortometraje también establece un diálogo particular con el cine mudo. En lugar de reproducirlo como una pieza de museo, Fiorentino toma algunas de sus herramientas y las lleva hacia el presente. El montaje adquiere protagonismo, los cuerpos y los movimientos adquieren significado y la narración encuentra formas de existir más allá del diálogo convencional.

La voz en off, además, introduce otra capa dentro de este recorrido. Las ciudades se observan, se describen y se experimentan mientras los personajes continúan avanzando. La película parece recordar que el cine nació, en buena medida, de la necesidad de mirar el mundo y descubrir qué podía hacerse con esas imágenes.

Y quizá por eso La Selva resulta especialmente interesante: porque mira hacia atrás para hablar del ahora.

Nicolás Fiorentino nació en Buenos Aires en 1996 y se formó en Artes Multimediales en la Universidad Nacional de las Artes (UNA). Su trabajo como artista visual, fotógrafo y realizador audiovisual parte frecuentemente de la observación de la vida cotidiana y del espacio urbano. El desplazamiento, la migración, la identidad y las distintas maneras de habitar una ciudad aparecen como preocupaciones recurrentes en su obra.

Su recorrido también lo ha llevado a desarrollar proyectos y residencias entre Argentina, España y Alemania, incluyendo la residencia GlogauAIR en Berlín. Esa relación con distintas ciudades atraviesa La Selva, una película que utiliza precisamente el desplazamiento como parte de su estructura.

Berlín y Madrid no son solamente dos lugares donde ocurre la historia. Son dos espacios conectados por la experiencia de sus personajes y por una misma pregunta: ¿cómo encontrar un lugar propio cuando todo alrededor parece estar compitiendo por el mismo espacio?

La película fue desarrollada durante un largo período de producción, iniciado en enero de 2023 y finalizado en septiembre de 2025. Fiorentino comparte la dirección con un proceso creativo que también involucra a Matías Fonseca en la asistencia de dirección, edición y montaje, mientras Francisco López se encarga de la dirección de fotografía. Nicolás Fiorentino y Farhan Ariff escribieron el guion, y ambos también aparecen como los dos sujetos principales de la historia.

El equipo se completa con Ken Michael y Sergio Abaldi como narradores y Ziqui Xu en fotografía fija, bajo la producción de The FF Solutions.

Filmada con cámaras como la Fujifilm X100V, Blackmagic 4K y Canon R8, La Selva tiene una duración de 28 minutos y 31 segundos y cuenta con subtítulos en inglés.

Pero más allá de sus cámaras, su duración o su equipo, hay algo que define al proyecto: su intención de encontrar una forma cinematográfica propia para observar una experiencia completamente contemporánea.

La ciudad cambia. Las personas cambian. Las formas de trabajar también.

Pero aquella sensación de entrar en una gran ciudad sin saber exactamente dónde terminaremos sigue siendo reconocible.

Quizá por eso La Selva no habla solamente de Berlín o Madrid. Habla de cualquier lugar donde millones de personas se mueven todos los días intentando conseguir algo: un trabajo, una oportunidad, una casa, una identidad o simplemente un espacio donde sentirse parte de algo.

Como en aquellas primeras películas que descubrieron que una cámara podía convertir una ciudad en una historia, Nicolás Fiorentino vuelve a mirar las calles.

Solo que esta vez, detrás de la belleza de la metrópolis, también está la lucha por sobrevivir.

Y en esta ciudad, todos estamos un poco dentro de la selva.