Dirigido por Alfonso Pineda Ulloa y escrito por Micaela Avila, Mon amour es un cortometraje que encuentra su fuerza en la contención.
Este cortometraje aborda una realidad incómoda pero vigente: la de muchos adolescentes que, por miedo, no pueden expresar abiertamente su identidad. No se trata de confusión, sino de contexto. En entornos familiares rígidos, donde la figura paterna es distante o impenetrable, el silencio termina siendo una forma de supervivencia.
Lejos de caer en el subrayado emocional, este cortometraje construye su discurso desde lo implícito. La tensión se percibe. Está en los silencios prolongados, en las miradas esquivas, en una atmósfera que se siente cerrada y constante. La dirección de arte y la fotografía no buscan protagonismo, sino coherencia con ese estado emocional: espacios contenidos, una estética sobria y una sensación persistente de encierro.
La dirección se mantiene firme y medida, evitando excesos y confiando en el ritmo interno de la historia. Por su parte, el guion apuesta por la precisión antes que por la explicación, permitiendo que cada escena tenga el peso justo sin necesidad de enfatizarla.
En el centro, este cortometraje plantea una relación sencilla en apariencia: una adolescente y su padre. Sin embargo, es en esa simplicidad donde se despliega toda su complejidad. La distancia emocional, lo no dicho y la incapacidad de comunicarse terminan definiendo el vínculo.
Este cortometraje no busca ofrecer respuestas ni generar comodidad. Se mantiene en un terreno más honesto: el de mostrar una realidad tal como es, incluso cuando resulta incómoda.